Esta semana miraremos al cielo. Durante unos minutos, la Luna se interpondrá entre nosotros y el Sol y aquello que siempre está ahí dejará parcialmente de verse.
La imagen me recuerda al trabajo.
En una organización también hay eclipses. Un conflicto puede ocultar años de cooperación. Un error puede hacer olvidar cientos de decisiones acertadas. Una emoción intensa puede ocupar tanto espacio que dejamos de preguntarnos qué ha ocurrido para que aparezca. Vemos lo que sucede, pero no siempre todo lo que lo sostiene.
La psicodinámica del trabajo nos invita precisamente a mirar un poco más allá.
Porque trabajar nunca consiste únicamente en ejecutar una tarea. Trabajar es enfrentarse a una realidad que no coincide exactamente con lo previsto y encontrar la manera de responder a ella. Para conseguirlo necesitamos experiencia, inteligencia, creatividad… y casi siempre necesitamos a los demás.
Quizá por eso me gusta también el sidecar de la fotografía.
Una moto puede avanzar sola. Con un sidecar, en cambio, cambia la manera de conducir. El peso se distribuye de otra forma, las curvas exigen anticipación y el equilibrio ya no depende únicamente de quien lleva el manillar. Hay que aprender a avanzar teniendo en cuenta al otro.
En el trabajo ocurre algo parecido.
Cooperar no significa simplemente trabajar al lado de alguien. Significa ajustar nuestros gestos, compartir reglas que muchas veces ni siquiera están escritas, pedir ayuda, ofrecerla, discutir sobre cómo hacer bien las cosas y aceptar que nuestra propia manera de trabajar puede transformarse en contacto con los demás.
Ahí reside también una extraordinaria capacidad de socialización del trabajo. El trabajo nos permite ocupar un lugar, sentirnos útiles, ser reconocidos y construir algo que individualmente no podríamos hacer. No solo producimos juntos: también nos construimos en relación con los otros.
Por supuesto, ese equilibrio puede romperse. Cuando desaparecen la confianza, la cooperación o el reconocimiento, aquello que nos sostenía puede quedar eclipsado por el conflicto, el aislamiento o el sufrimiento.
Pero un eclipse no hace desaparecer el Sol.
Quizá convenga recordarlo también en nuestras organizaciones: cuando algo deja de funcionar, antes de mirar únicamente a quien conduce, merece la pena preguntarse qué ha ocurrido con el equilibrio que permitía avanzar juntos.