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El trabajo y la dieta mediterránea

Categoría: Gestión
📖 2 minutos
🗓 29 octubre 2024
✏️Escrito por Francisco Casaus

Complicar el trabajo es complicar la vida. Se trata de una premisa fundamental para comprender el poder socializador que este tiene, así como la oportunidad que representa para la construcción de relaciones de afecto y cooperación.

Pero… El sempiterno pero…

Complicar la vida con un trabajo no gratificante puede convertirse también en un terreno emocional pantanoso en el que la salud (física y mental) puede derrapar.

La coyuntura de tener que trabajar para pagar al casero o la hipoteca del banco, sin que apenas quede para vivir dignamente; la incongruencia de una sociedad que especula con derechos tan básicos como la vivienda (que tiene repercusiones inmediatas en la libertad de independencia) o hasta el precio del aceite de oliva (que boicotea la dieta mediterránea) tiene repercusiones inmediatas e irremediables en el mundo del trabajo.

No hay un trabajo digno si no permite una vida digna. No hay una vida digna (sin riesgos psicosomáticos o psicosociales), si el poder del trabajo es insuficiente para construir una vida relacional satisfactoria.

Estos días se habla de empresas que quieren solucionar el problema habitacional de sus futuros empleados porque no llegan a reclutar personal suficiente.

En este caso el problema no es del trabajo, sino del sistema de vida que estamos creando. Es increíble que un sueldo no dé para pagar un lugar donde alojarse, o que adquirir o alquilar una vivienda (que en las grandes capitales, donde está el empleo, suele carecer de condiciones dignas de habitabilidad) atrape la mayor parte de los recursos económicos que genera un salario.

El trabajo es permanentemente una confrontación al fracaso. Representa un viaje, más o menos pasional, al interior de uno mismo, en transporte colectivo…

Pero… El sempiterno pero…

Hemos emprendido un camino perverso si pretendemos afinar el sentido del trabajo, sin pararnos a repensar el sentido de la vida cuando el esfuerzo personal y colectivo del trabajo no da ni para sostener importantes derechos y necesidades vitales. 

Ni siquiera para sobrellevar una dieta mediterránea.

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