Es importante escucharse a uno mismo. Se trata de un magnífico ejercicio de la mente ligado a la autopercepción, a la conciencia y a la memoria, que se convierte, a partir de una edad, en íntimo y privado.
De niños no tenemos vergüenza de balbucear, de hablarnos en voz alta. Con la « madurez » nos hacemos más recatados: los monólogos se vuelven interiores, pero no por ello inexistentes o necesariamente deliberados.
Tenemos una voz interior, incluso espontánea, que es importante escuchar.
Hablar con uno mismo, por ejemplo del trabajo, es un privilegio del ser humano, y puede ser muy útil para autoanalizar la organización de este y para reconocerse en el organigrama real (más que estatutario) de la empresa: lo que interviene en la construcción de la identidad y de la autoestima por el trabajo.
La humanización llega de la mano de la cooperación, del reconocimiento, pero también de la oportunidad del trabajo para construir la identidad propia y fortalecer la autoestima.
Las habilidades sociales propias del ser humano tienen necesariamente que contar en la organización del trabajo.
Hasta en un supuesto reparto de tareas absolutamente automatizado y controlado artificialmente, lo que distinguirá a las empresas será su capacidad de tratar con personas, de gestionar las emociones más que estrictamente la lógica.
¿Acaso existe una lógica de las emociones?
La cooperación y el monólogo son dos cualidades contradictorias pero absolutamente compatibles y necesarias en el mundo social que representa el trabajo.
El monólogo con uno mismo, esa capacidad de ensimismamiento para decirse cosas interiormente, de hablarse en silencio y reencontrarse íntimamente, también es una armadura de la salud mental cuando el intradiálogo es constructivo.
Este monólogo al que me refiero no representa la soledad sino precisamente una suerte de cooperación con uno mismo; en el ámbito profesional, por ejemplo, una forma de tomar conciencia de tu realidad profesional.
Piensa en tu trabajo, en tu rol, en tu autorrealización a partir del desempeño.
Confrontado al sufrimiento de miles de trabajadores puedo confirmarte que si el problema está en el trabajo, es en este donde suele encontrarse la solución.
Los que lideran las empresas deberían tener en cuenta que el trabajo es una de las mejores medicinas cuando su organización fomenta la cooperación entre colegas y el reencuentro con uno mismo.
Esta capacidad de monólogo íntimo del ser humano es como si existiera un espejo del alma para poder mirarse y uno fuera escribiendo cada capítulo de nuestra serie vital. Es una toma de conciencia de que la identidad no viene de una vez y su proceso es dinámico.
En tu espejo del alma lo que acontece en tu trabajo cuenta: no solo es importante lo que surja como producto de la cooperación sino que también la autoestima tiene un valor simbólico inestimable.
Ese monólogo vital puede llevarte al auto reconocimiento. De nada valdrían los sistemas de reconocimiento en el trabajo si en tu espejo del alma no llegas a identificarte en el organigrama de la empresa.
Si eso ocurre y empiezas a no reconocerte, probablemente sea el momento de pedir ayuda especializada para seguir avanzando y que el trabajo sea una medicina sanadora más que cargada de efectos secundarios perturbadores.