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Con romanticismo se trabaja mejor

📖 3 minutos
🗓 8 marzo 2025
✏️Escrito por Francisco Casaus

“La dicha suprema de la vida es la convicción de que somos amados por nosotros mismos: mejor dicho, amados a pesar de nosotros mismos”.

Después de la Revolución Francesa irrumpió el romanticismo de los hombres libres, sublevados contra la injusticia, con un efecto impactante en la literatura francesa, como el caso de Víctor Hugo en “Los Miserables”.

«Lástima a aquellos que solo aman cuerpos, formas, imágenes. La muerte lo destruirá todo. Trata de amar a las almas, las encontrarás de nuevo».

La importancia del sentido psicosocial del trabajo (motor de la autoestima y cimiento imprescindible de su organización) está cargada de romanticismo. 

Anoche (7 de marzo de 2025) en la plaza de la Bastilla se recuperaba la fluidez del tráfico parisino, después de la falta de generosidad de un colapso generalizado justo cuando la gente “escapaba” de sus trabajos para aprovechar el fin de semana. Una noticia bomba recorría como la pólvora la ciudad del romanticismo revolucionario: literalmente una bomba de 200 kilos de la Segunda Guerra Mundial, hallada por casualidad durante los trabajos de mantenimiento de una línea férrea en el norte de París, estaba siendo desactivada. Un gran cerco de seguridad cortaba calles con un efecto rebote en la circulación.

El “Genio de la Libertad” se llama la estatua dorada que remata la imponente columna de una de las plazas más simbólicas del mundo. Hoy el “Genio” nos contempla, colapsados. Una antigua bomba de la Segunda Guerra Mundial sacaba de quicio a todos, impidiendo que llegáramos a la hora a nuestros destinos, ensimismados en nuestro avatares, con nuestra desensibilización colectiva: qué desactiven cuanto antes esa maldita bomba y que sigamos rodando, a pique de que rueden otra vez cabezas en la Plaza de la Bastilla si nos siguen arruinando el fin de semana.

“Mañana, al alba, cuando blanquea el campo, yo partiré. 

Mira, sé que me esperas.
Iré por el bosque, iré por la montaña.
No puedo permanecer lejos de ti más tiempo.
Caminaré, los ojos fijos en mis pensamientos, sin ver nada alrededor, sin escuchar ningún ruido.
Solo, desconocido, la espalda encorvada, las manos cruzadas.
Triste, y el día para mí será como la noche.
No miraré ni el oro de la tarde que cae,
ni las velas lejanas descendiendo hacia Harfleur.
Y al llegar, pondré sobre tu tumba un ramo de acebo verde y de brezo en flor”.

El viaje interior de Víctor Hugo se inicia al amanecer y termina al atardecer en evidente símbolo de la vida humana, desde que nacemos hasta que morimos.

El sentido psicosocial del trabajo está cargado de valores simbólicos. La cooperación entre colegas y el reconocimiento dispensado con naturalidad y equidad llenan de romanticismo la actividad laboral. 

Quien piense que trabajamos exclusivamente por dinero se equivoca, atascado en un mundo en el que muchos símbolos están cayendo precipitados. 

Pasamos dos tercios de nuestra vida trabajando. Con sentido psicosocial es como viajar al interior de uno mismo pero en transporte colectivo. Si no entendemos que el trabajo es un medio precioso para transformar el mundo y transformarnos a nosotros mismos en mejores personas, aprovechando valores como la contribución en equipo, estaremos abocados al fracaso colectivo que es la antesala del fracaso individual.

El “Genio de la Libertad” nos contempla: estamos perdiendo la capacidad simbólica de huida del espanto colectivo para contemplar el mundo sin romanticismo, con un individualismo exacerbado.

Así nos va, sumidos en un tráfico caótico.

Y la Bastilla cada vez más perturbada cuando damos la espalda a la sangre derramada.

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