De niño, muy niño, disputabas tu espacio. No querías compartirlo. Lo tuyo era tuyo, lo de los otros también. Hasta que la solidaridad te convino. La socialización es fundamental para tu supervivencia como especie. Tu evolución biológica como ser humano podría explicarse con el principio de los vasos comunicantes más que con la ley de la selva.
Me gusta una expresión francesa cuando llegas a un nuevo trabajo (he trabajado casi siete años en París), «tu as pris tes marques?», algo así como: «has dejado tus huellas, tus marcas?», «te has posicionado?». Estoy de acuerdo con que en el trabajo tienes que ocupar tu espacio, delimitarlo, marcar tu territorio, tus huellas, aunque sea un espacio compartido.
Una de las claves hacia el placer en el trabajo es que seas jugador y árbitro.
En el trabajo la cooperación es paradójica, oscilante entre la independencia individual (tus marcas) y la integración colectiva (tu arbitraje), una experiencia fundamental de ambivalencia.
Te quiero, yo tampoco.
Te das de bruces cada día con la realidad del trabajo, sus contratiempos, que nunca te los explican en el contrato de partida, pero que son los que te marcan y con los que tú marcas tu territorio, a base de movilizarte, de reinventarte. Y, además, tienes que aceptar tu dependencia de otros, en una permanente confrontación de puntos de vista. En esto consiste precisamente la cooperación en el trabajo, no va solo de ti.
¿Cómo preservar tu propia independencia aceptando participar en el equipo? Aquí está el quid, la primera clave que suelo explicarte en tu confirmación como ser humano que trabaja por placer. Marcarás goles y los asistirás, jugarás el partido y lo arbitrarás, tanto monta, monta tanto. Tanto marcas, marca tanto.
Estás necesitado de compañía y de soledad al mismo tiempo. Permanentemente quieres lo que no tienes. La «parábola de los puercoespines» de Schopenhauer es utilizada por Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, en una de sus obras. Como los puercoespines que buscan calor, te pinchas y te lastimas si te acercas demasiado a los otros, sientes frío si te alejas, como los puercoespines que se retiran al pincharse entre ellos.
La dicotomía de la cooperación y la necesidad de autonomía. La dicotomía del trabajo en equipo y el rendimiento individual. Quieres la cooperación, pero también quieres controlar tu propio destino.
Las similitudes o las diferencias se ponen de manifiesto a partir de las interacciones sociales. ¡Qué conflictivo a veces es el trabajo! La clave está en tus marcas, para vivir contigo mismo y en sociedad.
Juega y arbitra.
Es lo que trabajamos juntos en mi programa de Mentoring Psicosocial. Repensamos el trabajo y su sentido psicosocial, te enseño el método “Trabajo Vivo”, adaptándolo a las circunstancias de tu organización del trabajo y mantenemos una línea abierta de seguimiento personalizado durante al menos un año.
Para que las « rocas » en tu camino sean un sendero hacia el placer por el trabajo. Los desafíos profesionales son potencialmente placenteros.
