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Feliz Navidad (en clave psicodinámica)

Categoría: Gestión
📖 2 minutos
🗓 23 diciembre 2025
✏️Escrito por Francisco Casaus

La Navidad no es solo una fecha en el calendario. Es un momento de condensación psíquica. Todo se junta: la familia, la historia, las ausencias, las expectativas, el cansancio del año, las cuentas que no cierran, los vínculos que pesan… y también aquello que sigue sosteniéndonos sin hacer ruido. Desde una mirada psicodinámica, la Navidad actúa como un escenario. Un escenario donde reaparecen roles antiguos, guiones repetidos y emociones que creíamos superadas. No porque algo vaya mal, sino porque los rituales colectivos tienen ese poder: reactivar lo profundo.

Llegamos a diciembre después de meses de esfuerzo, de adaptación continua, de regulación permanente. En el trabajo, en la familia, en la vida social. La Navidad coincide con un momento en el que el psiquismo pide una cosa muy simple y muy difícil a la vez: aflojar. Pero aflojar no siempre significa descansar. A veces significa sentir. Sentir el cansancio real. Sentir la satisfacción discreta de haber aguantado. Sentir también las pequeñas heridas del año que no se cerraron del todo.

Para muchas personas, estas fechas tocan directamente la estima de sí. Aparecen preguntas silenciosas: ¿he hecho lo suficiente este año?, ¿he sido reconocido?, ¿he fallado en algo importante?, ¿sigo siendo útil, legítimo, deseable? La psicodinámica del trabajo lo muestra con claridad: cuando el reconocimiento externo se debilita, los rituales sociales pueden amplificar la duda interna. Por eso no todo el mundo vive la Navidad con ligereza. Y eso no es un fallo personal, es una reacción humana.

No se trata de tener una Navidad perfecta. Se trata de una Navidad regulada. Regular, en sentido psicodinámico, es aceptar que no todo se resuelve, que no todo se celebra, que no todo se comparte de la misma manera. Regular es bajar la exigencia, no subir la magia. Es dejar de pedirle a la Navidad lo que solo el tiempo, el trabajo y los vínculos sostenibles pueden dar.

A veces la Navidad no necesita grandes mesas ni grandes discursos. A veces basta un gesto justo, una palabra sincera, una presencia sin performance. Porque la autoestima no se repara con fuegos artificiales, sino con continuidad: seguir ahí, malgré tout, sin romperse, sin traicionarse.

Feliz Navidad, entonces. No como una obligación de felicidad, sino como un derecho a respirar un poco. Que estas fiestas no te pidan más de lo que puedes dar, que no te quiten lo que ya te ha costado sostener, y que, aunque sea en silencio, tu estima de ti encuentre un lugar donde descansar.

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