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El ser humano es un mono inteligente y triste

Categoría: Autoconocimiento
📖 3 minutos
🗓 6 julio 2025
✏️Escrito por Francisco Casaus

Cada año la Organización de las Naciones Unidas (ONU) publica el Informe Mundial de la Felicidad, cuyos resultados se obtienen al combinar el PIB per cápita, el apoyo social, la esperanza de años de vida saludable, la libertad para tomar decisiones vitales y la percepción de la corrupción.

Sin embargo, en nuestras sociedades de vértigo capaces de inventar un barómetro de la felicidad, a veces (demasiadas) nuestra mente puede traicionarnos y hacernos  esclavos de nuestros propios pensamientos: el pasado se transforma en ansiedad, remordimiento, tristeza; el futuro, en incertidumbre y miedo. Aunque el barómetro idealista de la felicidad marque que vamos bien, el presente está marcado por lo que quisimos ser y no fuimos y por el futuro más o menos pesimista que imaginamos.

La capacidad humana para imaginar es tan poderosa que no se puede parar a voluntad. «El cerebro es un motor de Ferrari instalado dentro de un Seat 600», explica Bruner. «Con esta estructura el coche puede ir como un cohete, pero probablemente en la primera curva se estrelle, ya que los frenos no están preparados para manejar semejante potencia». Así se expresa Emiliano Bruner en su libro « La maldición del hombre mono » (Ed. Crítica). 

El paleoneurobiólogo explora en su libro el superpoder de proyectar imágenes y palabras del ser humano que nos ha permitido dar un salto social y tecnológico, pero a la vez nos ha traído la ansiedad y la tristeza con « un cerebro tres veces más grande de lo que le debería corresponder a un primate de nuestro tamaño. Esto hace que para ajustarlo tengamos que recurrir a inventos bastante raros».

El autor llama « Radio Sapiens » a ese transistor que no podemos apagar cuando nos invaden los insidiosos pensamientos en bucle. Son proyecciones imaginarias que abren ventanas al pasado y al futuro, tan énormes que terminan por comerse el presente.

Ese superpoder que nos ayuda a procesar miles de palabras e imágenes por minuto es, a la vez, culpable de trastornos emocionales como la depresión o la ansiedad descontrolada. « Es un superpoder que nos hace capaces de proyectar, de manejar imágenes y palabras, ser especialistas en el razonamiento conceptual. Podemos imaginar una manzana aunque no tengamos delante una manzana y podemos definirla con una palabra que la represente».

El cerebro genera en estas circunstancias un vagabundeo mental que nos arrasa emocionalmente. Esta capacidad que todos conocemos, dar vueltas a la cabeza como una lavadora en función de centrifugado cuando algo nos preocupa, es una herencia evolutiva tan humana como su inteligencia. Es lo que podría definirse popularmente como estar rayado. El pasado se transforma en ansiedad, remordimiento, tristeza. Y el futuro, en incertidumbre y miedo

Según Bruner, el mundo virtual que creamos se vuelve tan desaforado que cuando se descontrola se transforma en ansiedad y melancolía. El superpoder sin control hace mella en nuestra salud mental y nos convierte en carne de psiquiatra. «El ser humano es un mono inteligente… y triste», resume.

En mi libro « Del trabajo al cielo » (Amazon), en el que describo contra reloj la extrema angustia de personajes confrontados al sufrimiento en el trabajo, se presenta este como una parte importante de la vida, pero no como representativo de la vida entera: todo se relativiza con el tiempo. Mi personaje principal dio finalmente con la clave: « Este es el secreto de la vida: apropiarse del tiempo ».

Probablemente sea una maldición humana la de pensar demasiado en un monólogo interno que no cesa. Precisamente la técnica para mejorar el estrés crónico está en el aprendizaje del manejo de los tiempos, en la meditación profunda más que la constante elucubración del pasado insatisfecho al futuro incierto. 

La clave está aquí y ahora, en esa apropiación del tiempo para disfrute del presente. El personaje principal de mi libro resultó un mono inteligente que alcanzó un presente feliz. Es un personaje de ficción, como la trama, pero se llega. Las excepciones confirman las reglas.

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