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Las «bajas parciales» y la luz al final del túnel 

Categoría: Gestión
📖 3 minutos
🗓 12 octubre 2024
✏️Escrito por Francisco Casaus

Mientras se negocia con las mutuas una colaboración más estrecha para el control del absentismo, la ministra de Seguridad Social provocó un terremoto en el debate, abriendo la puerta a las denominadas bajas laborales “flexibles”.

¿Por qué la gente está tanto tiempo de baja? y ¿cómo reincorporarla lo antes posible, aunque sea parcialmente? Aquí están las cuestiones que se creen fundamentales, olvidando un elemento fundamental: El trabajo. ¿Consiste en repensar el sistema de bajas laborales? o se trata de repensar el mundo del trabajo?

No entro en las verdaderas y respetables motivaciones médicas para estar de baja. En resumidas cuentas, los enfermos están de baja porque los médicos, en su proceso de recuperación, lo estiman conveniente y necesario. Pero, a mi juicio, el análisis debe ser menos superficial, más realista y profundo: ¿Es que el trabajo motiva actualmente a la gente? ¿Qué atractivo tiene el trabajo para convertirse en un complemento terapéutico en los procesos de baja laboral que pasaran a ser parciales?

En definitiva, ¿el trabajo es bueno para la salud hasta el punto de convertirse en una “medicina” que influya en la recuperación del paciente?

Mi respuesta es SI, con mayúsculas, pero con matices.

Hay que repensar el trabajo, hay que escuchar la experiencia de la gente que trabaja, el enorme poder socializador del trabajo es indiscutible cuando funcionan los sistemas de cooperación y de reconocimiento y cuando su organización ha pensado en la realidad de la gente, de los equipos. En el trabajo está la solución cuando este no es el problema o una complicación añadida.

Los ministros, enfrentados en este punto de las “bajas flexibles”, se permiten hablar de enfermedades y de su duración, de costes, de necesidades económicas; pero sigue sin hablarse de la calidad del trabajo, de cómo potenciar su sentido psicosocial, de cómo reintegrar progresivamente a un trabajador enfermo, de cómo reorientarlo profesionalmente si hiciera falta, de cómo adaptar las condiciones de trabajo a la realidad física y mental de la persona. En definitiva, se menciona el trabajo sin hablar de trabajo, sin repensarlo desde el punto de vista de una verdadera reinserción profesional positiva para el convaleciente.

Las mutuas andan por medio, precisamente las entidades sin ánimo de lucro que gestionan el accidente de trabajo y las enfermedades profesionales. ¿Y cuándo el trabajador ha perdido su salud por el trabajo? ¿Se contemplarán también estas “bajas parciales” sin solucionar el problema en su origen?, ¿sin reorganizar o ni siquiera repensar el entorno hostil que provocó la baja laboral?

El debate no ha hecho más que comenzar. Aunque tenga sentido una reincorporación progresiva de la gente que no puede, por ejemplo, asumir horarios completos o determinadas condiciones penosas de la actividad; es lamentable que se arranque por un desequilibrio de las cuentas del estado y no por la constatación evidente de que algo estamos haciendo mal en el mundo del trabajo para que este sea de menos en menos atractivo. Ni siquiera se discute cómo favorecer la reinserción social y profesional por motivos de salud después de una baja de larga duración que puede haber dejado secuelas.

Al final del túnel de la enfermedad sólo podrá hacerse la luz con el trabajo si este favorece la calidad de vida y de reintegración del paciente. Ahi debería estar el quid del debate.

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