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¿Y si las hojas no cayeran en otoño?

Categoría: Estrategia, Gestión
📖 2 minutos
🗓 14 noviembre 2024
✏️Escrito por Francisco Casaus

Si la organización del trabajo en las empresas no tuviera en cuenta a la gente que trabaja y permaneciera estática a las emociones, sin traducir la brecha existente entre el trabajo prescrito y el efectivamente realizado, sería como si estuviésemos en otoño y los mecanismos de la naturaleza fallaran.

¿Por qué se caen las hojas de los árboles en otoño? Es la química la que está detrás de la caída de las hojas, un mecanismo que también está relacionado con dos conceptos clave: la autoprotección y la fotosíntesis.

La “química” de la cooperación y el reconocimiento en el trabajo está detrás de la madurez psicosocial de las empresas. El trabajo tiene sentido si sus normas y su organización, aunque se dicten desde arriba, se escriben desde abajo. La evidencia del trabajo efectivo, de la realidad que describen los trabajadores, el qué sucede de verdad en el trabajo (cuando lo prescrito no fue suficiente para solventar las tareas encomendadas), es lo que debe activar los sistemas de comprensión de cada empresa para que estas tengan sentido, protegiendo la salud mental de sus integrantes.

Para hacer la fotosíntesis las plantas necesitan: luz, dióxido de carbono, clorofila y agua. Al disminuir las horas de luz y ser más débil la radiación solar los árboles necesitan más energía para conservar las hojas que la que estas le reportan. Así pues, la caída de las hojas de los árboles es un sistema de autoprotección y ahorro que las plantas activan cuando las hojas ya no les sirven para hacer la fotosíntesis. A medida que caen sus hojas, la planta entra en un estado de baja actividad, con tal de reservar la energía para el momento de volver a florecer.

Además, al cambiar las hojas, el árbol está llevando a cabo un proceso de reciclaje natural: las hojas en descomposición transfieren sus nutrientes a la tierra, que el árbol utiliza para que nazcan y crezcan las nuevas hojas en la siguiente primavera.

En definitiva, que el trabajo con sentido tiene también tiene que ver con el otoño. Que no hay nada permanente, excepto la renovación constante. Y que el fomento de los espacios de discusión y deliberación en las empresas para escuchar lo que de verdad sucede en el trabajo y adaptar permanentemente su organización, es clave para su subsistencia en armonía con el placer de la gente que trabaja en ellas.

La cordura del otoño renovador hará el invierno más llevadero y la primavera esplendorosa. Una empresa que no escucha a sus trabajadores es como un otoño estúpido.

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