El trabajo no es un camino de rosas, la dinámica de la convivencia no se construye clasificando a la gente en los que ven el vaso medio lleno y los que lo ven medio vacío.
Ahora parece que todo consiste en ser positivos, todo tiene solución, no sufras, mira el lado positivo de las cosas.
Te repiten.
Todo se arregla, aunque te quedes atrapado y solo en el lado medio lleno.
Una trampa.
Tienes que familiarizarte con el fracaso.
Las habilidades de las que presumes las adquiriste en los momentos de apuro, como cuando en el verano una ola te pilló desprevenido y te revolcó en la misma orilla.
Probablemente que no seas de la costa atlántica.
Lo siento, los de la orilla no pudieron contener la risa, casi pierdes el bañador.
Fue una anécdota, pero no te sucedió más veces inadvertido. Desde entonces mantenías los pies bien clavados en la arena y la espalda erguida, para que otra ola no te arrasara, con ese sentido del ridículo al que te dejó expuesto el mar caprichoso cuando todo el mundo contemplaba desde la arena.
El trabajo también es caprichoso, especialmente cuando se complica. De sus desvaríos sales curtido, satisfecho de nadar a contracorriente y mantener el equilibrio.
Los últimos días de veraneo te aplaudieron desde la orilla y te gustó, precisamente porque aprendiste de los fracasos, no era una cuestión de positivismo, de verlo siempre medio lleno aunque no sea verdad, sino de aceptación y normalización del fracaso.
No seas un simple engranaje sin iniciativa.
La subordinación es el principio del contrato de trabajo escrito, aceptado y firmado. Pero una parte del contrato no está escrita. En tu trabajo pasan cosas que no estaban previstas.
Es la parte medio vacía, que la llenas con tu singular contribución.
El trabajo no es un camino de rosas pero aprender y salir reforzado de los fracasos es lo que merece la pena. Gana tu autoestima, la mejor armadura de tu salud mental.