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Las verdades en el trabajo y una máquina del tiempo

📖 3 minutos
🗓 2 marzo 2025
✏️Escrito por Francisco Casaus

¿A qué nos conduce un mundo plagado de mentiras?: sería una cuestión muy de actualidad, pero irresoluble sin una máquina del tiempo con billete de retorno para contarlo. 

¿Y de vuelta?, ¿contaríamos la verdad sin filtros?: nuestra empatía debería idealmente determinar el uso sensato que hiciéramos de la información.

Nunca digas lo contrario de lo que piensas , pero tampoco digas siempre y en cualquier situación lo que piensas, porque puedes arrasar la autoestima de los demás o generar dudas e incertidumbres innecesarias.

El liderazgo con sentido psicosocial en el trabajo se construye haciendo visible lo invisible, poniendo sobre la mesa lo que de verdad ocurre en el trabajo para elaborar unos procedimientos equilibrados con las expectativas de los colaboradores y las necesidades funcionales de la empresa. 

El liderazgo se consigue asumiendo que siempre hay brechas entre el trabajo que se ha prescrito y lo que ocurre realmente a la hora de realizar el trabajo. 

Precisamente la comprensión de estas brechas y su integración en las políticas de cooperación y de reconocimiento de las empresas son claves para ejercer un liderazgo de “verdades justas”. 

¿Existe la “verdad absoluta”?: otra gran cuestión existencial probablemente irresoluble salvo que contemos con esa máquina del tiempo futuro y podamos volver para contarlo.

¿Sería la verdad “absoluta” desde el momento de que contamos honestamente lo que pensamos?: la verdad absoluta debería ser objetiva, pero el subjetivismo de contarla la cargaría probablemente de matices imperfectos.

¿Qué es la verdad “justa” del líder empresarial?: la que acompaña al trabajador a un refuerzo continuo de su autoestima y de su compromiso con lo que hace. 

La subjetividad del líder debe construirse con los matices de mejora permanente de la cooperación y del reconocimiento del esfuerzo de su equipo para apaciguar la brecha entre lo prescrito y lo real.

La “verdad cruel” (ejecutada generalmente por individuos inmaduros, egocéntricos, brutos e indolentes que no miden las consecuencias de sus actos) de aquellos que optan por la vía rápida, directa (y cómoda) de dar órdenes porque así son las reglas prescritas, no es compatible con el ejercicio de un liderazgo emocional que elabora la información de un modo respetuoso, empático y comprensivo. 

Repensar el trabajo en clave psicosocial implica el ejercicio de un liderazgo de “verdades justas” más que de “verdades absolutas”, evitando las “verdades crueles”.

Como repensar es siempre subjetivo, para evitar un galimatías, lo mejor es acudir a un ejemplo:

Un cocinero novel de una empresa de restauración ha seguido estrictamente la receta pero el resultado final no es el mejor del mundo.

Dilema del líder: ¿digo que son probablemente las peores croquetas que he visto en mi vida o resalto una cualidad positiva de las mismas tratando de salvar el escollo? 

Hay que ser comprensivo con el esfuerzo, la dedicación y la falta de experiencia de este cocinero novel: no destruyas su autoestima. 

Hay pequeños gestos o comentarios que en el mundo del trabajo tienen una trascendencia fundamental para el desarrollo identitario de la persona. Precisamente se trata de convertir el trabajo en una actividad placentera.

Me gustaría tener una máquina del tiempo futuro y volver para contarlo: ese cocinero novel, el de las croquetas calamitosas, se había convertido en un chef de prestigio. No precisamente por el seguimiento estricto de las recetas, sino por el impulso de unos jefes de cocina comprensivos con su nivel de esfuerzo.

La verdad “cruel” es que se hizo famoso por sus croquetas “deconstruidas”. 

La verdad “absoluta” es que en el trabajo entre lo que dictan las normas y lo que realmente ocurre para salvar diariamente las dificultades hay un trecho. 

La verdad “justa”, la que acuñan los líderes emocionales en las empresas psicosociales, es que hay que recompensar a la gente con el afecto y con el reconocimiento del esfuerzo de sacar adelante las empresas, a pesar de las brechas entre lo prescrito y lo efectivo.

En esto consiste hacer visible lo invisible: en liderar de verdad sin hacer daño.

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