TRABAJO
VIVO

El liderazgo nace de la aceptación del liderado

Categoría: Liderazgo
📖 3 minutos
🗓 4 junio 2024
✏️Escrito por Francisco Casaus

El trabajo es un viaje permanente al interior. En transporte colectivo.

El sujeto trabajador se descubre y descubre al otro, individual o colectivamente, en su afectividad, en sus habilidades, en su destreza, en su inteligencia, a veces desgraciadamente en su perversión.

El reconocimiento por uno mismo del trabajo realizado, y el reconocimiento a través del otro, constituyen una vía extraordinaria de acceso al placer. O al sufrimiento.

En la cara positiva de la moneda, el trabajo es una oportunidad de acceso al reconocimiento, a la fraternización, a la construcción de relaciones.

El trabajo es indispensable e indisociable de la realización personal.

La enfermedad mental originada o perjudicada por el trabajo existe. El organismo puede llegar a un estado de fatiga extremo tras movilizar todos sus recursos físicos, mentales y emocionales. Es objetiva y dramáticamente cierto, hay muchos trastornos relacionados con una ineficaz organización del trabajo.

La mejora en la eficiencia y los sistemas de calidad de las empresas pasa por una profunda reflexión sobre el trabajo como motor de salud, sobre los sistemas y prácticas de liderazgo.

La salud del cuerpo está esencialmente ligada a las condiciones de trabajo, la salud mental depende de la organización del trabajo. El trabajo condiciona un modo de vida personal y colectivo, así como la vida general de la empresa.

El trabajo está vivo.

Los cambios tecnológicos y organizacionales del trabajo generan transformaciones en la identidad individual y colectiva. El viraje imparable hacia el individualismo, a través de los sistemas de evaluación de competencias, de la exigencia y la normalización de la calidad total; la búsqueda de la excelencia de manual que obvia la realidad terrenal es una dualidad controvertida que repercute en la salud mental del trabajador, impactando en el funcionamiento global de la empresa.

Analizar las condiciones reales de cada actividad, los pormenores del trabajo diario, la inteligencia práctica de cada colaborador para resolver la tarea, ennoblece el trabajo cotidiano del líder que persigue la grandeza empresarial y el desarrollo personal y colectivo de sus equipos.

Ser líder es estar en el sitio adecuado en el momento justo conectando acertadamente con los otros, sacando lo mejor de cada uno y lo mejor de uno mismo.

Ser líder es ser humilde, entendedor del impacto del trabajo en la salud y de la salud en el funcionamiento global de la empresa. Promotor de la diversidad y de la inclusión. Ser líder es trabajar por la calidad de vida, generando y aceptando el coraje, la disparidad de criterio, ser motivador e inspirador, y, sobre todo, entendiendo que entre la norma impuesta y la realidad del trabajo hay un trecho que se recorre con inteligencia práctica y creativa.

Un líder entiende y remonta esa inteligencia colectiva para reformular constantemente los procedimientos.

El trabajo, enigmáticamente, es una fuente de placer.

El placer del trabajo es generador de salud. Es un placer inigualable, un dopaje de autoestima. La ingeniosidad, la cooperación y la movilización subjetiva para hacer frente a los problemas dimensionan tanto la utilidad como la belleza, dan sentido a la vida del trabajador y de la empresa.

El trabajo es un acelerador de la humanización.

El liderazgo, lejos de ser un proceso atributivo, nace de una sutil relación entre quienes aspiran a guiar y quienes escogen ser guiados.
El líder retribuye emocionalmente, integrando a la organización del trabajo en una dinámica cooperativa y de reconocimiento. Si la retribución es a base de “cacahuetes” o el equipo abandona al líder (se acabó el liderazgo) o no habrá un buen equipo.

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