Disfruta de tus vacaciones, aunque la denominada “desconexión” entre la vida personal y el trabajo sea un cuento, como el de la lechera.
El trabajo impacta en la vida privada de los trabajadores. La hora de salida puede marcar la desconexión física con el trabajo (mail, teléfono, recinto), pero ¿puede desconectarse la mente como si hubiera un interruptor para ello?
¿Acaso nadie sueña con el trabajo?
El trabajo puede ser causa de sufrimiento generando trastornos del sueño, ansiedad, dolores del cuerpo y del “alma”. ¿Las preocupaciones del trabajo se quedan sistemáticamente en el recinto de la empresa?
El trabajo es tan importante que su impacto se siente en todos los aspectos de la vida. No existe un interruptor encendido/apagado de la vida psíquica. Es una falacia la desconexión.
El trabajo interviene en la construcción de la identidad del trabajador. “Tocar la identidad es tocar el núcleo, el marco mismo de la salud mental” su “armadura” destaca Crhistope Dejours en la enseñanza de la psicodinámica del trabajo.
Imposible dejar la identidad “tocada” en el trabajo para llegar a casa. Y viceversa.
La presencia del trabajo en los sueños del trabajador es un verdadero laboratorio psíquico para los psicoanalistas.
El destino de la subjetividad viene condicionado por la intersubjetividad, es decir nuestra singularidad es un acontecimiento relacional.
Cada uno de nosotros somos singulares porque existe la singularidad de cada uno de los otros. La singularidad es un hecho diferencial, relativo. La representación de sí mismo siempre está condicionada por la representación de los otros.
Además, el trabajo nos da un lugar en la sociedad.
En la fábula del cuento de la lechera la protagonista es una trabajadora que sueña hasta que tropieza con una piedra y el cántaro se rompe derramando la leche y todas sus expectativas de desarrollo empresarial. La moraleja más extendida es que no hay que ser ambicioso, que hay que tener siempre los pies en el suelo.
Es un cuento.
Veo en la capacidad de soñar de la lechera su empoderamiento. La piedra en el camino fue un obstáculo del mundo real. De los tropiezos se aprende en el trabajo.
Desde la cooperación y el reconocimiento se aprende de los tropiezos.
El cuento de la lechera no reconoce la brecha entre el trabajo prescrito (la parte visible del iceberg) y el trabajo real (la parte sumergida).
Algunas organizaciones empresariales son un cuento.
¿Pudo desconectarse de sus sueños la lechera cuando quedaron definitivamente frustrados, si seguimos al pie de la letra el relato que se inculca a los niños?
Son mensajes contradictorios con la vida real, como si todo estuviera normalizado y nada fuera azaroso.
Ordeñar de nuevo la vaca e intentar de nuevo el camino, empoderada por los sueños, hubiera sido otra posible continuidad de la historia. La necesidad de la experiencia, el mensaje de que de los errores se aprende, que el emprendimiento es posible a pesar de las dificultades.
Una moraleja del lado del placer.
Reivindico el derecho al emprendimiento, al error y a la segunda oportunidad por el trabajo. El miedo al fracaso está del lado del sufrimiento.
Los imprevistos del trabajo forjan la capacidad de reacción del trabajador, la movilización de su inteligencia práctica, retro analizada en los espacios de discusión y deliberación.
Cooperación y reconocimiento como motores de autoestima individual y colectiva.
En el mundo del trabajo no existen zonas de confort permanente ni rutinas sin riesgos.
En la tolerancia al disconfort están las estrategias de resistencia esenciales para la normalidad.