La corteza cerebral es extraordinariamente compleja y emocionante, pero nos cuesta sacarle partido cuando nuestros automatismos se obcecan y nos provocan una visión en túnel de lo que nos acontece.
A veces, por malditas circunstancias de la vida (el trabajo puede estar entre estas), somos prisioneros de un pensamiento en bucle que se arremolina en nuestro cerebro para perturbar su gran variedad de funciones, entre ellas la percepción e interpretación de la información sensitiva y la planeación e iniciación de la actividad motora.
En una frase: que la mente “contamina” el cuerpo.
La forma de preservar la salud mental es gestionar satisfactoriamente los conflictos. Basta estar vivo para que estos acontezcan y, a veces, de tanta tensión acumulada, de tanto aprisionarnos en la mente con pensamientos en bucle, de tanto darle al coco sin ser nosotros mismos (desde la exclusiva perspectiva del sufrimiento), los “dolores del alma” se sienten en el cuerpo.
En una frase: que el cuerpo es el reflejo del alma.
Conocernos, sentirnos, ser conscientes de nosotros mismos y de lo que nos sucede, es un proceso complejo pero imprescindible para salir del túnel y ver la luz, comprendiendo que hay otra forma de manejar toda la información que burbujea en nuestro cerebro.
Por ejemplo: las situaciones de estrés crónico vividos en el trabajo cuando este carece de sentido psicosocial pueden provocar “heridas del alma” que cicatrizan en el cuerpo y pueden llegar a descompensarnos psicológicamente.
En una frase: no existe una desconexión posible entre mente y cuerpo.
El trabajo carece de sentido psicosocial cuando la organización del mismo no se construye desde el afecto, ni es producto de la interpretación de las situaciones reales del trabajo, de la escucha activa y afectiva de la gente que trabaja.
En una frase (esta vez un poco más larga): el trabajo no es sano cuando no fluye la cooperación, el afecto, la lectura e interpretación de las emociones y el reconocimiento en el perímetro de su actividad.
A veces el trabajador describe una neblina mental cuando atraviesa la puerta de la empresa, un “nudo” en el vientre, una inexplicable sensación de pánico a que el fin de semana tarde tanto en llegar o a que el lunes aparezca de repente, como una losa. A veces el trabajador describe haber perdido el control de las emociones, no reconocerse a sí mismo, haber cambiado en su perspectiva profesional, no tener más sensación de libertad, de estar presente de verdad.
Es un momento crucial para solicitar ayuda. Precisamente el acompañamiento psicológico puede conducir a adoptar otra perspectiva, a dejar de reaccionar y comenzar a responder, a cuidar esa corteza cerebral tan maravillosa y entrenarla para el fracaso.
Otra frase (crucial): En el trabajo no te olvides de ti.
El trabajo es una confrontación permanente al fracaso. Se hace en sociedad y exige mucho, todos los días. Necesitamos que la corteza cerebral esté muy bien cuidada y entrenada.
No te olvides de ti: pide ayuda cuando sientas que las emociones te desbordan, esa sensación de que ahora no es como antes o de que no encuentras más satisfacciones en el trabajo.
Una penúltima frase (por ahora): El cuerpo y la mente, indisolubles, son el reflejo del alma.
No te la juegues a no reconocerte en el espejo.