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Burnout (II): este verano no consigo desconectar

Categoría: Autoconocimiento
📖 3 minutos
🗓 7 agosto 2024
✏️Escrito por Francisco Casaus

Los trabajadores con trastornos de ansiedad tienen preocupaciones y miedos intensos, excesivos y persistentes sobre situaciones que antes podían controlarse sin dificultad.

Pueden darse sentimientos repentinos de miedo o terror, como ataques de pánico, desproporcionados y difíciles de controlar.

La rumiación mental es indicativa de que el trabajador está cursando un alto grado de sufrimiento con pensamientos recurrentes, negativos, con recuerdos en bucle que despiertan una respuesta emocional intensa, como un circulo vicioso, una sensación de bloqueo. 

Las emociones y el cuerpo están conectados. A veces el cuerpo quiere poner tierra de por medio de las emociones. Es una huida hacia delante, el trabajador cuenta que tuvo ganas de huir, de dejar la empresa, de no volver más. Salir corriendo. Es una reacción de defensa, en el fondo se ha identificado el peligro.

El sufrimiento hace que el trabajador no se explique, no se identifique, ese yo no soy el que era, antes las cosas las afrontaba de otra manera, es una llamada de atención importante. 

Si se tira del hilo en la clínica del trabajo es importante identificar el momento preciso del antes y el después.

Hay que indagar en la organización del trabajo. En qué momento, en que escenario preciso, en qué situación todo empezó a contar. Es una fase terapéutica en que el trabajador ha tomado conciencia.

El término burnout fue utilizado por primera vez por el psiquiatra alemán Freudenberger en 1974, refiriéndose a pacientes con cansancio, apatia, agotamiento, que estaban al límite de sus propias energías, víctimas de trabajos exigentes o incluso de su propia auto exigencia.

El burnout es un « incendio interior ». El precursor del término, en su obra «Agotamiento profesional», dijo haberse dado cuenta de que las personas son a veces víctimas de un incendio, como el de un edificio que aparenta estar bien por fuera pero que se había carcomido por dentro.

A partir de las tensiones, sus recursos internos se consumen bajo la acción de las llamas, dejando un gran vacío interior, incluso si el edificio parece por fuera más o menos intacto.

Es como si una olla a presión rebosara por los bordes. La válvula de escape no retiene la presión interna. 

El trabajo es como esa playa que cada verano había sido apacible, pero que ahora es insoportable, el calor pegajoso, ni un metro cuadrado de autonomía. La arena está demasiado caliente, el agua demasiado fría. Ahora todo molesta. Demasiada gente. No se ve la solución, más que salir corriendo y no volver más.

Este verano no se consigue desconectar. El carácter se ha vuelto irascible, la playa y la gente insoportables y, para colmo, cada día de vacaciones se siente como desperdiciado, un día menos para atravesar de nuevo la puerta de entrada al trabajo. Vuelta a empezar. Vuelta a sufrir. Siempre en bucle. En bucle siempre.

Un estado de agotamiento físico, emocional y mental, vinculado al ámbito laboral, puede instalarse en relación con las condiciones y la organización del trabajo. 

La solución está en tratar el origen del problema, en darle sentido psicosocial a la organización del trabajo.

Es lo que enseño en mi programa de Mentoría Psicosocial para managers que procuran el placer de sus equipos, evitando el sufrimiento en el trabajo.

Porque las playas relajantes existen y el verano debe servir para recargar las pilas y volver con ganas al trabajo.

Ese debería ser nuestro objetivo.

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