Soy un arquitecto frustrado, porque no soy arquitecto. Probablemente sería un médico frustrado si no fuera médico.
En definitiva, que uno quiere lo que no tiene y que, probablemente con el paso de los años, cuente más haber sabido aprovechar el tiempo que haberse conformado con lo que se tiene.
A eso justamente se refería Felipe Buendía, el personaje de mi libro « Del trabajo al cielo », que puedes comprar (si te da la gana y puedes) en Amazon: « el secreto de la vida consiste en apropiarse del tiempo ».
El secreto que yo hubiera imaginado de la arquitectura es el de poder “diseñar edificios que dialogaran con el paisaje desde la naturalidad y la falta de estridencia, sin apenas dejar huella”, como cuenta Raul Sánchez, creador de la Casa Magarola, un edificio que « flota » sobre finas pantallas de hormigón
Todo en la concepción de la casa responde a la voluntad de minimizar su impacto, de “encogerse” en apariencia para poder crecer entre resquicios, de coexistir adaptándose como un sinuoso guante a la ladera de roca que le sirve de anfitrión.
El edificio transmite, en su opinión, “una familiaridad distante inspirada en la obra de Miguel Ángel, una sutil extrañeza”, como si la formas de siempre se pusiesen esta vez al servicio de una lógica insólita.
Desde mi punto de vista de arquitecto frustrado, me encanta esta capacidad de crear un edificio adaptándose sutilmente al entorno. Es algo así como que tu diseño se incluya en el espacio que ocupa, sin intrusiones. De alguna manera, esa capacidad de proyección durable es una forma de apropiación del tiempo: este tipo de obras arquitectónicas perduran.
En mi óptica de médico del trabajo sensible a la importancia de su sentido psicosocial para fortalecer la identidad personal y la autoestima (esta es la mejor armadura para proteger la salud mental), entiendo también el mensaje: el trabajo se hace en sociedad, colectivamente. Socializar es saber entenderse y comprenderse, desarrollando juntos un proyecto laboral sano y duradero.
¿Cómo construyo una casa en un espacio así sin recurrir a la cirugía intrusiva, sin aplanar el terreno? ¿Cómo la sujeto?. Decía el arquitecto, confrontado a la dificultad del terreno.
¿Cómo colaboro en el diseño de una organización del trabajo que se actualice constantemente teniendo en cuenta la experiencia de la gente que trabaja? ¿Cómo adaptarla a los objetivos económicos de la empresa?
Por fin he encontrado un punto de encuentro entre la arquitectura y la medicina del trabajo. En definitiva: que el entorno natural es lo que la organización del trabajo a mi especialidad médica.
El trabajo es crear y amar, tanto para el arquitecto como para el médico es lo más importante para mirarse al espejo y decirse: he conseguido apropiarme del tiempo.
Lo mismo para cualquier trabajador de cualquier sector de actividad.