TRABAJO
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No debe prohibirse la belleza del arte de trabajar

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🗓 4 abril 2025
✏️Escrito por Francisco Casaus

En la clínica del trabajo conocí a un artesano que había sido despedido tras un proceso de regulación de empleo: era un maestro alfarero de reputado talento pero sus jefes decidieron pasar a una fabricación de las piezas en cadena, guiando los procesos con un sistema robotizado que terminaba tres piezas “perfectas” en el tiempo que mi paciente artesano apenas terminaba la primera.

La confrontación de la máquina al artesano minucioso inclinó la balanza del lado exclusivo de la utilidad, un modus operandi que tienen las empresas que carecen de sentido psicosocial. La contabilidad manda y el maestro artesano no daba las cifras, sumergido en un sistema de evaluación del desempeño basado solo en los resultados cuantitativos: la gestión exclusiva por los números.

El alfarero, más que sumido en una depresión por la falta de reconocimiento de la utilidad de su trabajo (sabía que « era imposible combatir al robot, tan perfecto y tan rápido »), había quedado tocado por la falta de sensibilidad de la empresa con su desempeño desde hacía tantos años. De golpe y porrazo la empresa dejaba al lado esa faceta artesanal que tanto prestigio había dado a la marca. De la inteligencia humana y práctica se pasaba a la artificial por decreto económico.

El alfarero tenía trastornos del sueño cada vez más inquietantes y una ansiedad que dio paso a repetidas crisis de pánico durante el período que acudió a la empresa para todo el trámite administrativo de su salida «pactada ».

El acuerdo económico había sido satisfactorio, tanto que no perdía dinero sin trabajar y en un par de años pasaría a ser un « feliz » jubilado, argumentaba su entorno, ante la mirada absorta del artesano, estupefacto por la decisión « brutal » de su empresa. Ni siquiera su familia comprendía tanta desazón cuando el alfarero se pasaba las noches en vela. Al fin y al cabo, no había perjuicio, pensaban, más bien « todo ventajas »: qué se las apañara la empresa con sus robots, ya había dado bastante el artesano por la empresa. Podría decirse que su familia también se había instalado exclusivamente en el sentido de la utilidad.

En pleno conflicto ético, en una de las consultas, la clarividencia vino en forma de reflexión en voz alta: « quién va a partir de ahora a mantener la profesión ?? », « es que no comprenden que la belleza de lo hecho a mano desaparece?? ».

Cuando se pierde el reconocimiento de belleza las organizaciones empresariales están abocadas al fracaso. El saber técnico es una experiencia sensible que implica los sentidos, así como los sentimientos y los afectos. 

La mano del artesano tallando minuciosamente una pieza, movilizando su cuerpo y su inteligencia, sintiendo la resistencia del material o de la herramienta, experimentando perplejidad, miedo, duda, ansiedad, sufrimiento cuando la tarea se complica; pone en evidencia los cambios que siente el cuerpo al estimular la curiosidad en la búsqueda de una solución. 

El placer en el trabajo emana de la confrontación al fracaso, de la experiencia de la realidad, de la movilización individual y colectiva hacia el objetivo en un equilibrio permanente entre la utilidad de lo que se hace y la belleza de cómo se hace.

Aquí estaba el quid del conflicto ético de nuestro artesano: la utilidad exclusiva en detrimento de la necesaria belleza.

No era una cuestión económica sino de ética. El artesano rezumaba la inquietud de la falta juicio de belleza por parte de una empresa que, después de toda una vida entregado, no mostraba reconocimiento por ese sentimiento tan sutil y necesario del trabajador como el de sentirse recompensado por hacer bien su trabajo.

El debate estaba entre el valor de la utilidad y el de la belleza, que la empresa había convertido en conceptos incompatibles.

En el equilibrio entre estos dos conceptos está una de las claves del placer en el trabajo. Necesitamos empresas que sepan ganar dinero reconociendo la belleza de lo que sus colaboradores son capaces. Lo contrario sería primar exclusivamente la cuenta de beneficios sin mimar el arte de trabajar. Sería algo tan frustrante como prohibir el baño en una dia soleado y con el mar en calma.

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