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La cloaca y el horizonte: lo que el trabajo decide no ver

📖 2 minutos
🗓 25 abril 2026
✏️Escrito por Francisco Casaus

El mar está ahí. Abierto, amplio, casi perfecto en su promesa de infinito. Algunas velas lo atraviesan con elegancia, como si todo respondiera a un orden silencioso y armonioso. Y sin embargo, en primer plano, casi sin pedir permiso, una canalización emerge de la arena y apunta directamente hacia ese mismo horizonte. No es un accidente. Es una organización.

En el trabajo ocurre lo mismo.

Las organizaciones modernas han aprendido a mostrar el mar: los indicadores, los proyectos, la innovación, la imagen externa, la narrativa del sentido. Todo parece orientado hacia adelante, hacia lo noble, hacia lo visible. Pero, inevitablemente, existe una canalización. Un lugar por donde discurre lo que no se puede integrar: tensiones, conflictos, fatiga, decisiones imposibles, renuncias silenciosas.

La psicodinámica del trabajo nos recuerda que ese “resto” no desaparece. Se organiza.

No es que haya disfunciones en el sistema. Es que el sistema necesita producir una parte de lo real que no puede ser pensada, ni dicha, ni simbolizada. Y entonces, como en la imagen, se canaliza. Se dirige. Se aleja del campo visible, lo justo para no contaminar la escena principal, pero no tanto como para dejar de existir.

El problema no es la cloaca. El problema es creer que no forma parte del paisaje.

En muchas organizaciones, ese conducto toma la forma de bajas por RPS, conflictos interpersonales que se personalizan, managers que absorben sin metabolizar, servicios de salud que reciben lo que ya no puede sostenerse en la línea operativa. Cada actor, sin saberlo del todo, participa en ese movimiento: preservar la imagen del mar.

Pero cuanto más perfecta es la superficie, más presión acumula la canalización.

Y llega un momento en que el flujo deja de ser silencioso.

La cuestión no es eliminar la cloaca —eso sería ilusorio— sino reintegrarla en la lectura del trabajo real. Volver visible lo que se expulsa. Nombrar lo que se desplaza. Reconocer que el sufrimiento no es un accidente periférico, sino una producción situada en el corazón mismo de la organización.

Porque el mar no es solo lo que se muestra.

También es lo que recibe.

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